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Jonathan Frank

Manager Marketing and Corporate Relationships

Washington, DC, USA


Mis primeros recuerdos del océano se remontan a mi visita en verano a la casa de mi abuela en Nueva Jersey. No recuerdo cuántos años tenía, sólo que me fascinaba Batman y que no quería entrar en el agua por culpa de la película "Tiburón". La arena caliente me quemaba los pies, así que me pasé la mayor parte del tiempo sentado a la orilla, dejando que las frías olas del Atlántico ejercieran su magia calmante.

Desde entonces, he ido al mar varias veces, y disfruto buceando, navegando, paranavegando, pescando y nadando. Todavía tendría miedo de los tiburones si no fuera por organizaciones como Oceana, que me han abierto los ojos a lo largo de los años.

Siempre he visto al océano como un valioso recurso que necesita protección, pero desde que trabajo como recaudador de fondos para Oceana me he dado cuenta de todo el trabajo que hay que hacer. Los estadounidenses son muy generosos y apoyan un sinfín de proyectos benéficos diferentes, pero me sorprendió descubrir que, de todo el dinero destinado al medio ambiente, los océanos sólo reciben el 0,05%, a pesar de que el setenta por ciento del planeta esté cubierto por el mar.

Son datos que sorprenden, hacen que me centre en mi trabajo y me motivan cuando las fuerzas decaen. Mi familia y amigos también me motivan, así como lo que disfruto durante las vacaciones (a menudo en el mar), y las tortugas marinas: son adorables.