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Peter Pierrou

Baltic Project Communications Officer

Copenhagen, Denmark


A los 16 años, mi padre se subió a la bici y pedaleó cuesta abajo por las colinas de Gotemburgo hacia el puerto. Allí se enroló como tripulante en un barco que estaba desembarcando. Así que, según fui creciendo, naturalmente escuchaba las historias de su vida en los siete mares –dormir en literas, hacerse un tatuaje (un ancla con una cabeza de pato) y ver en directo lucha libre americana–, una y otra vez. A los 5 años me llevó a practicar pesca de profundidad. La primera captura de mi vida fue un rape. Era tan feo (parecía un monstruo del averno) que me eché a llorar.

Era obvio que no estaba hecho para llevar vida de pescador, pero me encantaba el mar.

A mucha gente le resultan molestos los chillidos de las gaviotas. Para mí es el sonido del hogar. Me encanta el olor del agua salada y el aroma de las algas secadas al sol. Me encanta la sensación de atravesar la superficie del agua en una cálida noche de verano. Trabajar para Oceana me da la oportunidad de influir en cómo conservamos y protegemos la fuente de todas estas cosas: el océano.