Buceo complicado en alta mar

© OCEANA / Xavier Pastor
© OCEANA / Eduardo Sorensen
© OCEANA / Eduardo Sorensen
© OCEANA / Eduardo Sorensen
© OCEANA / Xavier Pastor

Autor: Xavier Pastor
Fecha: Agosto 16, 2010



Hemos amanecido en los Florida Middle Grounds, un área protegida contra el arrastre de fondo, formada por un antiguo arrecife a unas 100 millas de la costa, y cuyas cimas alcanzan los 25 metros de profundidad. Allí teníamos previsto realizar otra serie de inmersiones. Nuestro plan inicial era utilizar los buceadores en las cumbres del arrecife, y el ROV en las laderas que caían hacia profundidades alejadas de las posibilidades de la escafandra autónoma. Los problemas del robot submarino, que esperamos solucionar mañana, nos han obligado a concentrarnos en las partes menos profundas de los Middle Grounds. La visibilidad era, por primera vez, excelente. El fondo arenoso, salpicado de corales, albergaba también abundantes ejemplares de corales, esponjas tubo en las que habitan ejemplares de góbidos, cangrejos araña, meros, hogfish, peces angel, medudas, y algas como la halimeda.

Hemos llevado a cabo dos inmersiones de una media hora a treinta metros de profundidad, separados por unas 5 millas y tres horas de descanso. Los buceos de hoy revestían cierto nivel de riesgo. Eran muy lejos de la costa y, además, el mar y el viento se estaban encrespando por momentos. El balaceo del Latitude, un barco paradójicamente construido en Alemania para trabajar en el exigente Mar del Norte en apoyo de las instalaciones petrolíferas, hacía imposible botar las lanchas auxiliares grandes, por lo que hemos tenido que trabajar con la Latitude Too, una potente neumática semirrígida, que era más fácil de poner en el agua. Hemos tomado todas las precauciones posibles para evitar que, al salir a la superficie, los buceadores fuesen arrastrados por la corriente antes de que pudiésemos detectarlos. A sus boyas de señalización personales hemos añadido una gran boya de fondeo unida a un ancla por un cabo, por el que descendían y subían los buzos. Todas estas precauciones se han mostrado justificadas, porque el viento, las olas y la corriente han dificultado bastante la visibilidad de las boyas de señalamiento de los buzos y la operación de su recuperación.

La subida a bordo de la lancha neumática ha sido también difícil, debido al oleaje y el viento. Finalmente se ha conseguido, no sin el esfuerzo de toda la tripulación y algunos sobresaltos. Por fin, cuando todas las personas y los equipos estaban a salvo a bordo, hemos iniciado la travesía hacia Port Saint Joe, una pequeña localidad costera de Florida donde mañana deberíamos recoger los recambios de las piezas dañadas en el ROV. Son más de 100 millas hasta allí.