Misión cumplida en el Golfo de México

© OCEANA / Carlos Suárez
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© OCEANA / Eduardo Sorensen
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© OCEANA / Soledad Esnaola
© OCEANA / Eduardo Sorensen
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© OCEANA / Carlos Suçarez
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Autor: Xavier Pastor
Fecha: Octubre 5, 2010



La primera expedición de Oceana al Golfo de Mexico para evaluar los efectos a largo plazo de la catástrofe del Deepwater Horizon ha terminado. Durante dos meses, a bordo del Oceana Latitude, los científicos, buceadores, operadores de ROV y personal de apoyo han navegado cerca de 4,000 millas, una distancia similar a un viaje desde Miami (Florida) hasta Mallorca. Nuestro equipo de buceadores ha llevado a cabo 24 inmersiones, recopilando cientos de fotografías y decenas de horas de filmación. En las ocasiones más satisfactorias nos hemos sumergido en reservas marinas, en zonas protegidas de las que queríamos obtener información para poder contrastar la situación dentro de un tiempo, cuando los impactos menos visibles del vertido puedan hacerse más evidentes. Pero también hemos buceado bajo las plataformas petrolíferas en operación, para filmar y fotografiar los sorprendentes ecosistemas que estas albergan en las turbias aguas de Golfo. Y lo hemos hecho, además, a profundidades límite para buceadores con aire comprimido, para recoger, en zonas de visibilidad absolutamente nula, y de forma manual, muestras de sedimentos contaminados con petróleo.

Los robots submarinos traídos desde Chile y Europa se han sumergido en una docena de oportunidades,  en condiciones metereológicas difíciles, para documentar  el estado de los fondos marinos en áreas fuera del alcance de los buceadores. En las aguas más profundas de las plataformas continentales de Florida, Alabama, Missisipi y Louisiana se ha podido filmar el estado de instalaciones petrolíferas abandonadas, de fondos de maërl (algas calcáreas) sobre los que nadan los tiburones ballena, así como de los fondos arenosos cercanos a  las islas Tortugas y Marquesas. También se ha documentado la rica biodiversidad de los montes submarinos conocidos como “Alpes de Alabama”, que fueron radiografiados con detalle, al tratarse de una zona cuya superficie marina estuvo cubierta de petróleo y dispersantes durante las primeras semanas del desastre.

Los científicos de Oceana instalaron alrededor de los restos de la Deepwater Horizon -y recuperaron-, en situaciones de fuertes vientos y mares encrespados, hasta 18 estaciones de medición de hidrocarburos tóxicos dispersos en el agua, con cientos de sensores colocados regularmente desde la superficie hasta los 1800 metros de profundidad, y recogiendo también muestras de sedimento a esas profundidades.

Durante estas semanas, hemos podido acumular un catálogo de imágenes de la industria petrolera offshore y todos sus tipos de instalaciones y buques, y ser testigos directos de la contaminación rutinaria y los frecuentes accidentes que ocurren en los varios miles de instalaciones petrolíferas del Golfo de México, aunque no merezcan la atención de los medios de comunicación porque no se pierden vidas humanas o porque no son notificados.

También hemos trabajado en aguas costeras, filmando manatíes, tortugas y nutrias, y también buceando en los oasis de biodiversidad en los que se han convertido los pecios hundidos para crear arrecifes artificiales. Hemos documentado, también, barcos de pesca sospechosamente presentes en las zonas prohibidas a su actividad.

Se han podido tomar imágenes de especies de cetáceos y aves marinas cuyos hábitats están en riesgo por las consecuencias del vertido, incluyendo individuos de especies amenazadas como los zifios de Couvier o los delfines de dientes rugosos. Se hicieron algunas pescas de plancton para observar el impacto del petróleo en los microorganismos, y en los huevos y larvas de los peces, moluscos y crustáceos.

Hemos participado en el programa de marcado tiburones con los científicos de Acuario Nacional y de la Universidad de Miami, para estudiar la salud y las migraciones de los seláceos tras la contaminación del Golfo. Y, finalmente, hemos tenido que huir de la tormenta tropical Nicole, los últimos días de septiembre.

Todo ello está documentado en la web. Probablemente nadie había hecho un esfuerzo de transmisión inmediata de las imágenes tan intenso. A través de Internet por satélite hemos transmitido a la web cada día –¡cada día!- un video de unos dos o tres minutos de resumen de las actividades de esa jornada. Lo hemos acompañado con una decena de excelentes fotografías recientemente salidas de la cámara, un diario de bitácora, un mapa de la singladura  y de la posición diaria del buque. Y por si fuera poco, hemos dotado al barco de una cámara web que, minuto a minuto mostraba nuestra posición y nuestras actividades. Hemos intentado, en definitiva, llevar la expedición a las casas y las oficinas de quienes nos seguían a través de la web y los comunicados de prensa.

Hemos trabajado con celebrities a bordo: Morgan Freeman, Ted Danson, Almudena Fernandez, y con decenas de periodistas en distintos puertos.

El equipo de Oceana que ha llevado a cabo esta exigente campaña, en unas condiciones atmosféricas y de estado de la mar poco favorables en el setenta y cinco por ciento de los días, ha estado compuesto por compañeras y compañeros de todas las secciones regionales de Oceana: Desde Europa a Estados Unidos, hasta Centro y Sur América. Entre el equipo de investigadores y la tripulación del Oceana Latitude  hemos representado más de una docena de nacionalidades.

No siempre ha sido fácil. Como en cualquier expedición, no sólo nos hemos enfrentado a dificultades meteorológicas, sino también a averías y problemas técnicos, e incluso a obstáculos burocráticos en algún puerto. Pero hemos sido capaces de manejar esos obstáculos con tranquilidad, remontándolos a base de esfuerzo y de búsqueda de alternativas. No hay un solo proyecto que tuviéramos pensado realizar que no se haya llevado a cabo, aunque la intensidad de alguno de los mismos no ha sido tanta como hubiésemos deseado. Nuestro programa se ha mostrado, en ocasiones, demasiado apretado y ambicioso.

Ahora es el momento de analizar los resultados. De esperar que los datos provenientes de los  laboratorios y los estudios posteriores nos permitan aportar, dentro de unos meses, unas piezas más al puzzle en el que se ha convertido la investigación del impacto ambiental de la catástrofe provocada, en esta ocasión, por BP.

Los resultados de esta expedición de Oceana, lo que hemos observado sobre el terreno,  aportan elementos adicionales que deberían acentuar la tendencia, en la sociedad y sus representantes, de abandonar rápidamente la política energética basada en el uso de los combustibles fósiles y abrazar decididamente el apoyo a la energías renovables, y en particular la eólica marina. Eficiente, limpia, creadora de empleo y sin riesgos de catástrofes ambientales.