Redes vacías: el precio de cero pescado

© OCEANA / Carlos Suárez

Autor: Peter Pierrou
Fecha: Noviembre 12, 2013



La semana pasada, la flor y nata de quienes trabajan en temas bálticos se reunió en Estocolmo para valorar cómo poner precio a los servicios que proporcionan los ecosistemas. Científicos, investigadores, fundaciones, autoridades y ONG expresaron sus puntos de vista.

Hace tiempo que se habla del concepto de servicios del ecosistema, pero en los últimos dos años es la última moda en el mundo medioambiental báltico.

¿Queréis una prueba?

Según uno de los organizadores, el científico Marcus Öhman, más o menos en las mismas fechas se estaban celebrando unos cinco seminarios diferentes en Estocolmo sobre este tema. Así que ¿de qué va todo este jaleo?

Los servicios del ecosistema son bienes que nos facilita la naturaleza. Por ejemplo, puede aportarnos servicios como alimento (¡el pescado!) o recursos energéticos, o regular servicios como la polinización o el control del clima. ¿Sabíais que los océanos almacenan aproximadamente la mitad del dióxido de carbono que ha producido el ser humano? Como instrumento de filtración, resultan bastante eficaces.

La idea que hay detrás de los servicios del ecosistema es que tienes que pensar en la naturaleza como un sistema interconectado, donde cada parte depende de las demás. Así que en lugar de estudiar el pescado o las proliferaciones de algas sin más, deberías ver qué conexión tienen entre sí y si alteras una parte de la naturaleza, cómo podría resultar afectada otra.

El propósito de la reunión era también tratar la valoración: cómo poner precio a los servicios del ecosistema. Dado que en estos tiempos el dinero es el lenguaje universal, creo que concediendo un valor monetario a los servicios de la naturaleza se podría convencer a los negocios y las empresas de la importancia de cuidar del océano. Así que en lugar de calcular sin más el importe de cada pescado capturado, el argumento de los servicios del ecosistema es que deberías poner precio al pescado no capturado.

Uno de los participantes representaba a un banco y quería los números puros y duros.  “¿Cuánto vale la naturaleza?” No sorprendió que el principal mensaje de los científicos fuera que “tenemos que hacer más estudios” antes de presentar recomendaciones ajustadas. Y aunque así fuera –verdaderamente se necesita una voz común en los asuntos del mar Báltico, dado que mucha gente e incluso los medios no la reconocen– no habría que olvidar que el Báltico es uno de los cuerpos de agua más investigados del mundo. Así que por qué no intentar transformar toda esa ciencia y conocimiento en acción real y cambiar el modo en que tratamos a los ecosistemas. Seguro que por el camino sacamos uno o dos dólares.