Científicos de Oceana muestran su preocupación por el alto índice de contaminantes orgánicos en los salmones de acuicultura

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Según publica mañana la revista “Science”


Enero 8, 2004
Madrid
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Marta Madina ( mmadina@oceana.org )




Comer dos filetes de salmón de acuicultura a la semana excede los límites de seguridad establecidos por la Organización Mundial de la Salud

Oceana pide a la UE un plan para eliminar la contaminación en la acuicultura y regular la producción de peces carnívoros.

El simple consumo de dos filetes de salmón de acuicultura al mes basta para que un ser humano ingiera una cantidad de contaminantes orgánicos superior a los niveles de peligrosidad marcados por la Agencia de Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA). Si el consumo es de un par de filetes a la semana excedería los límites de seguridad establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según un informe que publica mañana la revista “Science”, científicos estadounidenses y canadienses han encontrado en salmones de acuicultura altos índices de 14 contaminantes organoclorados, como PCB, DDT, HCB, dioxinas, mirex, dieldrín, lindano, toxafeno o nonacloro. Todos ellos están incluidos entre los tóxicos más nocivos para el ser humano. Dependiendo de los niveles en que se encuentren, pueden provocar daños que van desde alteraciones en el sistema nervioso, reproductor e inmunológico al cáncer, pasando por modificaciones del comportamiento.

Los salmones de acuicultura europeos son los más contaminados del mundo, con índices hasta 14 veces superiores a los encontrados en salmones silvestres. Europa es el principal productor de salmón de acuicultura, con cerca de 600.000 del millón de toneladas que se producen anualmente en el mundo, bajo el liderazgo de Noruega, Escocia, Islas Faroes, Irlanda e Islandia. Los otros grandes productores son Chile (con unas 170.000 toneladas), Canadá (con cerca de 70.000 t.) y Estados Unidos (con 25.000 t.).

El estudio que publicará “Science” se ha realizado sobre más de dos toneladas de salmón procedentes de mercados en Norteamérica y Europa, analizando para ello salmones procedentes de la industria acuícola de los principales productores de salmón del mundo en Noruega, Canadá, Chile o Escocia.

El salmón es un pez con unas reconocidas propiedades beneficiosas para los seres humanos, como la gran cantidad de proteínas o los ácidos grasos poli-insaturados omega-3, pero su producción intensiva en acuicultura lo ha convertido también en una de las especies más contaminadas que pueden encontrarse en el mercado.

“Los grandes predadores marinos como salmones, atunes o delfines pueden acumular en su organismo niveles de contaminantes millones de veces superiores a los que se encuentran en el mar. Esto no solo pone en peligro su supervivencia sino la de quienes consumen estas especies”,  afirma el doctor Alex Aguilar, profesor de la Universidad de Barcelona, especialista mundial en contaminación de organismos marinos por sustancias tóxicas y miembro del Comité de Asesores Científicos de Oceana. Aguilar actúa como portavoz de los autores del informe para comentar los resultados del mismo a los medios de comunicación europeos.

Los salmones son peces muy voraces que se alimentan de una amplia gama de otras especies marinas, por lo que bioacumulan los tóxicos que se encuentran en sus presas. Para producir un kilo de salmón de acuicultura, son necesarios unos siete kilos de pescado que son reducidos a harina y dados como alimentación a estos animales. Este alto índice de conversión también ha generado numerosas críticas debido al alto número de peces silvestres que deben ser capturados para conseguir una buena producción de acuicultura.

Pero el alto precio que el salmón alcanza en los mercados internacionales ha provocado que su producción se multiplique por 40 en tan sólo dos décadas, siendo actualmente superior al millón de toneladas al año. En la UE, el consumo de salmón se ha incrementado un 14% anualmente en los últimos 15 años (lo que ha hecho que la ingesta media de un europeo sea de 1,5 kilos de salmón por persona y año), mientras que en EE.UU. ha crecido un 23%.

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