El Oceana Ranger documenta en el sur de Italia la actividad de los rederos de deriva

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Unos 15.000 cetáceos pueden morir cada año por el uso de estas artes de pesca.


Julio 29, 2005
Madrid
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Marta Madina ( [email protected] )




A pesar de su prohibición, unas 500 embarcaciones, de las cuales más de la mitad son de la UE, siguen utilizando redes de deriva en el Mediterráneo y zonas adyacentes.

El Mediterráneo ha sido tradicionalmente un mar donde la gestión pesquera ha sido desigual y sin controles efectivos. Se desconoce el estado de muchos stocks, los censos de buques están muy poco actualizados y,  en muchas ocasiones, ni siquiera  los países ribereños saben qué pescan sus barcos ni qué aparejos y artes de pesca utilizan.

En 1998 la UE acordó una prohibición del uso de redes de deriva en sus aguas y para sus flotas que debería entrar en vigor en 2002. En paralelo, para poder aplicar esta legislación, se acordaron ayudas económicas de varios cientos de millones de euros que ayudarían a  propiciar la reconversión del sector afectado. Lamentablemente, mucho de este dinero se ha empleado en el desarrollo y utilización de nuevas redes de deriva.

Países como Francia o Italia han intentado ignorar la prohibición del uso de redes de deriva cambiando el nombre del arte o realizando pequeñas modificaciones en las redes.

Así, actualmente, las redes de deriva llevan nombres tales como “thonaille” o “ferratara”, intentando camuflar su verdadera naturaleza.

La Comisión Europea ha reconocido en diversas ocasiones que los países mediterráneos no están haciendo lo suficiente para acabar con el uso ilegal de las redes de deriva.

Las tres principales flotas de rederos de deriva corresponden a Italia, Francia y Marruecos, aunque también se sabe de la existencia de unos 60-100 rederos de deriva en Turquía. Desde diferentes organismos también se ha apuntado la posibilidad de que algunos buques de Argelia, Albania, Grecia, Mónaco y Rumania puedan estar utilizando estas redes.

Recientemente el Parlamento Europeo ha intentado atajar, de forma definitiva, la continua violación de la legislación europea por parte de algunos pescadores, pero los países mediterráneos se han mostrado reacios y han obstaculizado la aprobación de nuevas normas que puedan sacar a sus flotas de esta situación ilegal.

Para comprobar in situ el grado de incumplimiento, el tamaño y características de las redes así como su impacto sobre el ecosistema marino, el catamarán Ranger de la organización para la defensa del mar, Oceana, navega actualmente por el Mar Tirreno (Cerdeña, Córcega, Sicilia y la costa continental italiana).

Las redes de deriva utilizadas en el Mediterráneo pueden llegar a superar los 15 kilómetros de longitud y se dedican a la captura de pez espada y túnidos, aunque el número de capturas accidentales puede ser superior al 80%.

Se estima que estas flotas pueden capturar accidentalmente cada año más de 15.000 cetáceos (delfines, cachalotes, ballenas, calderones, etc.), pero también más de 100.000 tiburones y miles de otros animales, incluyendo las amenazadas tortugas marinas.