España desprecia la evidencia científica y bloquea en la ONU la protección de los fondos marinos contra el arrastre

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Esta semana se discute en la Asamblea General de Naciones Unidas la prohibición del arrastre en alta mar, una medida que numerosos científicos de todo el mundo estiman imprescindible para conservar la sostenibilidad y biodiversidad de los océanos.


Noviembre 20, 2006
Madrid
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Marta Madina ( [email protected] )




“Es un informe alarmista  y no tiene base científica”. Con estas despectivas palabras despachó ayer Fernando Curcio, Director General de Recursos Pesqueros del Gobierno Español,  los resultados de un estudio elaborado en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP-PNUMA) y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC). El informe había sido presentado en Londres a principio de esta semana por el Dr. Alex Rogers, de la London Zoological Society. A continuación, y siempre según la prensa, Curcio afirmó que “los barcos españoles arrastran en el Atlántico Suroccidental sobre una plataforma de arena donde no hay nada que proteger”.

Estas afirmaciones del representante de la Secretaría General de Pesca Marítima del Ministerio de Agricultura español intentan minimizar la influencia que este nuevo informe científico  pueda tener en las conversaciones que se inician hoy en el marco de la Asamblea General de la ONU. Los representantes de los gobiernos discuten sobre la propuesta de una prohibición en la pesca de arrastre en aguas internacionales, que es apoyada por numerosos países europeos, americanos y del Pacífico, pero que está siendo bloqueado por España, Canadá, Rusia y Corea del Sur.

Las montañas marinas que salpican las profundidades oceánicas son áreas de alta concentración
de biodiversidad, pero sufren una gran amenaza debido a la pesca de arrastre. Los estudios científicos han puesto de manifiesto los graves e irreparables daños que sufren tanto las especies objetivo presentes en estos hábitats como los propios fondos marinos que resultan afectados
por el arrastre de redes, cadenas y puertas metálicas de cientos de kilos de peso. Por ello, los científicos manifiestan que los fondos marinos de alta mar precisan urgentemente de una
regulación que pueda paliar su sobreexplotación y su destrucción ecológica.

Aunque la Unión Europea  prohíbe esta actividad en determinadas zonas en las que se encuentran presentes hábitats de gran valor natural, la mayoría de áreas ecológicamente frágiles que existen en aguas internacionales carecen de dicha normativa. Por ello, Oceana y las otras sesenta organizaciones de todo el mundo que forman parte de la DSCC (Deep Sea Conservation Coalition) están apoyando los esfuerzos que un gran número de gobiernos están llevando a cabo en la Asamblea General de la ONU, siguiendo la recomendación de la comunidad científica internacional.

No se conoce el número preciso de las grandes montañas marinas ni su emplazamiento. Ello no impide, sin embargo, que las flotas arrastreras de un reducido número de países se hayan lanzado a la explotación insostenible de estos ecosistemas muy vulnerables, utilizando artes de arrastre de gran impacto. Una vez que especies comerciales como la merluza y el bacalao  han sufrido una grave sobreexplotación en la plataforma continental y en las Zonas Económicas Exclusivas de los países,  las flotas pesqueras han decidido trasladarse a zonas en alta mar, donde se dedican a la captura de otras especies objetivo como el alfonsino (Beryx splendens), el pez reloj (Hoplostethus atlanticus), el granadero (Coryphaenoides rupestris), gallinetas, (Sebastes sp.), fletán negro (Reinhardtius hippoglossoides), etc.

El impacto producido por estas artes es patente en el caso de la flota española, país al que le corresponde el 40% de las capturas obtenidas en 2001, seguido de un 11% de capturas realizadas por la flota rusa y de un 7% por las flotas pesqueras de Portugal, Estonia y Noruega. En términos económicos, esto desarrolló un valor de 220 a 300 millones de euros, lo que supone un porcentaje de 0,5% de las capturas mundiales. Según Oceana, el bajo volumen de capturas y su poca significación económica en relación al montante global de la pesca mundial no guarda relación con el grave impacto ecológico que las agresivas artes de arrastre causan sobre los fondos marinos.

Es lamentable constatar que el proceso iniciado por Naciones Unidas para la prohibición de la pesca de arrastre en zonas de gran vulnerabilidad se vea obstaculizado por países como España, que no atienden a los fundamentos dirigidos a la sostenibilidad de los recursos así como al principio de precaución reclamado por la FAO - ha afirmado el biólogo pesquero Xavier Pastor, Director Ejecutivo de Oceana en Europa.

De hecho, una visión estratégica, incluso a corto y medio plazo, debería hacer que un país pesquero como España fuese el más interesado en asegurar la protección ecológica y la biodiversidad de los océanos. Eso es lo que garantizaría la sostenibilidad de los recursos pesqueros, que una flota adecuadamente dimensionada y que se comportase responsablemente podría explotar de manera indefinida. España debería ser un país que liderase la conservación de los mares, en vez de formar parte casi siempre del pelotón de  aquellos que obstaculizan la mayor parte de las medidas de la comunidad internacional que pretenden frenar el colapso de los ecosistemas marinos y los stocks pesqueros”.