Según Oceana, Islandia no consigue vender la carne de ballena, pero no obstante sigue cazando

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El embajador de Japón en Islandia ha dicho que los japoneses ya tienen suficiente carne de ballena, por lo que no comprarán la de Islandia.


Octubre 26, 2006
Madrid
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Marta Madina ( mmadina@oceana.org )




Hay también preocupación sanitaria por los niveles de contaminantes que existen acumulados en los tejidos de estos animales.

Fuentes de la organización internacional de conservación marina Oceana, indicaron el lunes que el barco islandés Hvalur 9 había capturado una segunda ballena, un rorcual común, a 200 millas de la costa, de un tamaño algo menor al rorcual que cazaron el domingo. Las mismas fuentes señalan que es posible que pasen meses hasta que la carne de estas ballenas pueda ser vendida, ya que antes debe pasar por una serie de análisis químicos realizados en el extranjero para garantizar que cumplen los certificados de sanidad necesarios que la hagan apta para el consumo humano.

Además de este largo proceso de certificación sanitaria, Islandia ya ha recibido el “no” de uno de sus compradores habituales de carne de ballena, como es Japón. Según noticias de Útvarpio (Radio Nacional Islandesa), en la noche del lunes el embajador de Japón en Islandia afirmó que los japoneses ya tienen suficiente carne procedente de su propia “caza científica”, y que tienen problemas para venderla, por lo que es improbable que vayan a comprar la carne de ballena de Islandia. Por otro lado, según muestra una encuesta Gallup citada por la organización IFAW, solamente un 1 % de los islandeses comen carne de ballena una vez a la semana, mientras que un 82 % no la comen jamás.

Ambos hechos parecen echar por tierra los principales argumentos utilizados por el gobierno islandés para justificar el reinicio de la caza de ballenas incumpliendo la moratoria establecida por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en 1985, que se encuentra todavía en plena vigencia.

Según el biólogo marino Xavier Pastor, director de Oceana para Europa, “No hay la menor justificación para que Islandia cace ballenas. Ni siquiera la comercial, ya que no hay mercado para la carne. Es una inmoralidad que se continúe con la masacre de animales amenazados de extinción, sin razón alguna”.

El objetivo de la flota ballenera islandesa es capturar 30 rorcuales aliblancos (ballenas minke) y 9 rorcuales comunes (ballenas de aleta). Esta especie se encuentra clasificada como “amenazada” en la Lista Roja de La UICN (Unión Mundial para la Naturaleza), lo que significa que enfrenta un riesgo elevado de extinción. A pesar de ello, el gobierno islandés ha afirmado que esta acción forma parte de su política general de “uso sostenible de los recursos marinos” y que las reservas que posee el país son suficientemente grandes como para soportar esta cuota de capturas de ballena.

El ministro de Medio Ambiente de Australia, el senador Ian Campbell ha afirmado que la decisión del gobierno islandés incrementará el impacto humano devastador sobre las poblaciones de ballenas a nivel mundial.

Hay pocas posibilidad de que Islandia pueda exportar la carne de ballena, porque el rorcual común está listado en el Apéndice I de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Islandia dispone de una exención formal dentro de CITES, pero para cualquier otro país miembro de CITES queda prohibido importar carne de ballena. Cualquier país que fuera a importar carne de ballena de Islandia correría el riesgo de ser condenado internacionalmente.

Según Pastor, “esta decisión del gobierno islandés pone en entredicho la seriedad y el compromiso de Islandia no solo en temas de conservación marina, sino en todo lo relacionado con el uso sostenible de los recursos naturales”.

Desde el inicio de la moratoria hace 17 años, Islandia ha puesto en marcha una importante industria turística de “whale watching” (observación de cetáceos), que aporta al país unos ingresos superiores a los que le puede proporcionar la caza comercial, y que puede entrar en conflicto con esta. Se estima que el año pasado un total de 70.000 visitantes británicos acudieron al país a observar los cetáceos

Según el portavoz de Oceana, “es lamentable que a pesar de los acuerdos internacionales firmados y ratificados, haya países que impunemente decidan incumplirlos aduciendo unas razones que incluso no se pueden demostrar. Es urgente que los gobiernos europeos y la comunidad internacional presionen  para poner fin a esta situación”.