Montes submarinos del Mediterráneo: Seco de Palos. Propuesta de protección

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Abril, 2011

El relieve sumergido del Mediterráneo español destaca, junto con el del Tirreno central, por contar con el mayor número de elevaciones submarinas y formaciones destacables de este mar desde el punto de vista geomorfológico: montes submarinos, cañones, volcanes de fango y otras elevaciones de menor entidad (bancos, bajos, entre otras). Aunque de la mayoría de ellas existe un vacío general en el conocimiento de las comunidades biológicas, durante los últimos años se han producido avances significativos en su descripción. Es el caso de los cañones y las montañas submarinas y su importancia tanto en fenómenos globales (tectónica de placas) como en fenómenos a mesoescala (influencia en la hidrodinámica de la zona).

Las recientes investigaciones sobre los montes submarinos han determinado que sus especiales condiciones de topografía, hidrodinámica, penetración de la luz, etc. dan lugar a zonas de elevada diversidad biológica tanto en comunidades bentónicas como en las comunidades pelágicas que rodean este tipo de elevaciones (Pitcher et al, 2007; Bo et al, 2011). Las montañas submarinas son responsables del mantenimiento de una cadena trófica compleja y estructurada que, en ocasiones, tiene componentes que pueden superar los 100 años de antigüedad, como en el caso de determinadas comunidades de corales de profundidad (Probert et al, 2007). Y además, suelen funcionar como zonas de paso de especies migratorias. Tal es la relevancia de este tipo de ecosistemas, que el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD, Convention on Biological Diversity) los cataloga como zonas de importancia que requieren de protección en aguas oceánicas abiertas y en hábitats de aguas profundas (UNEP/CBD/COP/DEC/IX/20 2008).

Por otro lado, y desde el punto de vista de las presiones derivadas de la actividad humana, los montes submarinos requieren de especial atención ya que, generalmente, debido a su elevada productividad, concentran especies de interés comercial y, por tanto, son zonas objetivo de la industria pesquera.

Por las razones descritas anteriormente, durante las últimas campañas Oceana está dirigiendo sus esfuerzos a la identificación de comunidades biológicas y potenciales amenazas en este tipo de enclaves, merecedores de un especial estatus de protección. La elevación submarina del Seco de Palos está situada aproximadamente 30 millas al este de Cabo de Palos (Región de Murcia). Su cima se sitúa entre los 95‑110 metros de profundidad, su vertiente oriental cae a más de 700 metros y al sur de la montaña a más de 1.200 metros. Es de naturaleza principalmente rocosa con una morfología muy accidentada, aunque también se han localizado plataformas de origen detrítico.

La información biológica disponible de la zona es muy escasa y lo que apenas se conoce de ella es porque tradicionalmente ha sido utilizada por flotas palangreras para la captura de túnidos y pez espada. A pesar de su lejanía de la costa, diversas embarcaciones de recreo también se desplazan a esta zona de forma esporádica. Oceana ha obtenido las primeras imágenes de los ecosistemas marinos presentes en el Seco de Palos y ha empleado técnicas no agresivas para su descripción.

El hecho de que sean zonas objetivo de la pesca para grandes pelágicos hace pensar en una zona con una elevada producción primaria. Esta productividad queda demostrada en las observaciones realizadas con una destacada presencia de plancton casi constante y grandes peces filtradores, como el tiburón peregrino (Cetorhinus maximus). Además, también se trata de una zona de concentración de tortugas marinas, principalmente tortuga boba (Caretta caretta) y cetáceos, en especial el calderón común (Globicephala melas).

La presencia de la flota anteriormente mencionada queda patente con la elevada frecuencia en las observaciones de sedales y aparejos perdidos principalmente en la zona de los escarpes y que afectan de forma directa a las colonias de esponjas y gorgonias que muestran claras roturas o laceraciones por esta causa.

Los datos reflejados en el presente documento corresponden a la recopilación de las diferentes campañas realizadas por Oceana en los años 2007 y 2010 (ver Figura 3). Gran parte de las observaciones se han realizado sobre comunidades bentónicas entre ‑100 y ‑640 metros de profundidad aproximadamente, aunque también se han añadido avistamientos en superficie y en la columna de agua y muestreos con draga Van Veen. Se estima, que con las observaciones desde ROV se ha cubierto una superficie cercana a las 1,6 ha (superficie calculada con un campo de visión aproximado de 1,75 metros para un total de 9,3 kilómetros recorridos).

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