Diario de a bordo: 18 de Septiembre de 2008

Autor: Rebecca Greenberg
Fecha: Septiembre 18, 2008



Me despierto alrededor del mediodía con el cabeceo del barco. Encontramos aguas algo picadas durante la singladura y paso el resto de la noche despertándome de cuando en cuando por el vaivén.

Cuando me levanto a desayunar ya estamos en Les Olives. Pero hay un problema técnico con el radar. Tenemos que llegar a puerto para intentar arreglarlo y, como siempre es mejor navegar de noche con un buen radar, decidimos dirigirnos al puerto de Palma, en Mallorca. A las 9.00 h ya estamos regresando. Como llegamos a Palma un poco antes de lo esperado, aprovechamos el tiempo de la travesía para reajustar la programación, planificar el trabajo y consultar el correo electrónico.

Tardamos unas 7 horas en llegar. Durante la travesía divisé un gran número de pequeños peces voladores (probablemente Hirundichthys rondeletii, los más comunes en estas aguas) y un par de delfines listados (Stenella coeruleoalba). Cuando llegamos y atracamos en el puerto de Mallorca, la tripulación comienza a cargar y descargar, limpiar y rellenar cosas. Se arregla el radar.

Me quedo en el barco y trabajo un rato; después, aprovecho que estamos en tierra firme para bajar a hacer un poco de ejercicio. Salgo a correr por el paseo marítimo. Sin embargo, empiezo a sentirme un poco raro y a pensar «¿Cómo puede ser? ¿Estoy en tierra firme?». Para mi sorpresa, mis compañeros me informan de que tengo lo que se conoce como «mareo de tierra». Después de pasar a bordo todos estos días, no podía sacarme esa sensación de bamboleo de la cabeza. Nos reunimos con Lola, otra buceadora que trabaja con Oceana. Finalmente mi mareo de tierra ha desaparecido y mis compañeros y yo disfrutamos de una deliciosa cena en Palma.

Volvemos al barco para dormir, pues tenemos previsto partir a las 4.00 h y regresar a Les Olivas para trabajar con el sumergible.