Diario de a bordo: Mar Menor

Autor: Margot Stiles
Fecha: Julio 27, 2006



Anoche fondeamos a las afueras del Mar Menor y esta mañana pasamos por debajo de un puente y entramos a este mundo aparte. En el aire fresco de la mañana navegamos en aguas verdosas y miles, ni te digo MILLONES, de medusas. Quedamos parados en la proa mirando con boca abierta, mientras pasaban en grupos de cinco, diez, treinta a la vez, en un flujo continuo a ambos lados del patín. Que maravillosas son. Ricardo contó unos 2774 que pasaron entre los patines del catamarán para poder estimar cuantas habrá.

Además estas medusas no eran de ninguna forma que había visto antes. Me faltan palabras pero para que os podáis hacer una idea, son espectaculares, como faldas de bailarina, sombreros fantásticos de Pascua, obras de arte moderna en vidrio soplado. Las que se llaman “huevo frito” o Cotylorhiza tuberculata tienen una gorra de bordes suaves, color de melocotón. Debajo de su gorra te saludan con cuatro “brazos” que utilizan para capturar la comida. Y están rodeada con una falda brillante de joyas moradas y blancas de varios tintes. Al acercarte a ellas en el agua, puedes ver que están pulsando, haciendo su movimiento habitual e inconsciente para que los nutrientes circulen por su cuerpo y manteniendo su posición en la columna de agua.

Hoy tuve la maravillosa oportunidad de poder bucear con los fotógrafos y buceadores expertos del Ranger, con Juan, Thierry, Pilar, y Jorge. Saltamos desde el Ranger al agua entre la marea de medusas que no pican. Pasamos una hora y media mirándolas de arriba a abajo, desde todos los ángulos. Es fácil quedarte ensimismada mirando la caída de sus tentáculos, las parejas y grupos grandes de medusas rotando lentamente debajo del sol penetrando el agua.

Que genial bucear a bordo del catamarán de Oceana, a pesar de la cantidad de trabajo que requiere para hacerlo posible. Cada día los marineros junto con Ricardo hacen planes de donde podemos buscar vida marina, documentar impactos humanos, y meternos al agua en la forma más segura y sencilla. Al llegar hay que buscar un sitio adecuado con cierta densidad de flora y fauna de especies en los que estamos interesados. En la proa, el capitán de buceo guarda todo el equipo, lo arregla y lo mantiene dentro de un espacio muy pequeño. Entre inmersiones, empleamos un generador para llenar las botellas una a una. Antes y después de cada inmersión los fotógrafos tienen que cuidar, limpiar, y secar sus cámaras de video y de fotos, que sumergen en cajas fuertes de plástico y metal.

¿Ya te dije que genial fue bucear con el Ranger? Al bajar al agua hay una visión distorsionada del barco incluyendo los palos, los patines y el logo de Oceana. Debajo de las medusas, en esta mar de poca profundidad, aterrizas en el fondo con paisaje lleno de unas plantas marinas autóctonas de la zona, una alfombra de hojas rizadas y cortas (Caulerpa prolifera) con tallos largos que extienden por el medio (la Cymodocea que buscamos ayer). Entre ellas se esconden peces y encima crecen invertebrados coloniales.

Antes del almuerzo, dejamos el equipo de buceo y Juan y yo nos metimos otra vez a pulmón en el agua calentita. Vimos aun más medusas de la segunda especie y aunque de la primera eran mas escasas, resultan igual de impresionante en su belleza y su forma de otra planeta. La campana color de perla con borde morado del Rhizostoma pulmo abre y cierra encima de sus brazos de forma complicada, parecida a una coliflor o quizás a un cerebro. El oceanógrafo que nos visito a bordo hoy nos contó que el nombre latín “pulmo” hace referencia a su apariencia de pulmón.