Diario de a bordo: Reloj no marques las horas...

Autor: Carlos Minguell
Fecha: Abril 22, 2011



Me levanto de la cama y el sol ya está casi un palmo sobre el horizonte. No es que nos levantemos tarde… es que aquí amanece muy temprano, apenas pasadas las cinco ya es de día. Como además anochece casi a las nueve tenemos más de 16 horas de luz diarias. Con razón se me hace el día largo, a pesar de tenerlo completamente ocupado.

Por ejemplo, hoy estamos al noroeste del golfo de Botnia (Suecia, un poco por encima del paralelo 63) y toca: ROV, draga, CTD, buceo, ROV. El desayuno al principio, el “lunch” antes del buceo y la cena antes del ROV. Creo que no me dejo nada. Yo lo fotografío todo (bueno, las comidas normalmente no), que para eso estoy aquí, aunque a la hora de escribir voy a centrarme en el buceo, que es para lo otro que estoy aquí. Del resto haré un breve resumen. ROV: bien, gracias, tanto a la mañana como a la tarde. A los ROVoteros habrá que buscarles algo más difícil, porque esto ya lo hacen con la gorra. Draga: 3 intentos pinchando en hueso (Los técnicos lo llaman piedra) y a la cuarta conseguimos un buen emplasto de fango, de ese que tanto le gusta a las científicas (Inexplicable, pero cierto; hay que ver como disfrutan metiendo las manos en esa masa helada) El CTD (el nombre viene de Conductivity/Temperature/Depth. A mi no me miren, yo no lo bauticé) no estuvo mal para ser el estreno: un par de ajustes y los secretos de la salinidad, la temperatura, la concentración de clorofila y la saturación de oxígeno para cada profundidad nos serán revelados. Y ahora a bucear.

Primero nos vestimos con cuidadito. Yo acabo más cansado de ponerme los guantes, que de la inmersión. El primero te cuesta, pero ponerte el otro con una mano enguantada ya es de premio. Tendrían que venderlos con un ayudante integrado. De los guantes te olvidas enseguida, tan pronto te pones la capucha y empiezas a luchar para que no se te incruste la mandíbula inferior en la superior, ni se te salgan los globos oculares de su sitio. Menudo sádico el que la diseñó. De esto también te olvidas cuando llevas cinco minutos en el agua: a partir de ahí parece que los guantes y la capucha los han rellenado con madera, así que ya no molestan. Solo duele un poco. La inmersión la hemos realizado cerca de la orilla, a 7 metros de profundidad y con más o menos la mitad de esa distancia de visibilidad. Ha sido la más rica en fauna hasta el momento: bastantes algas, un poco de musgo, caracolitos y un par de peces escorpión de cuatro cuernos, que es de ese tipo de peces que, a fuerza de ser feo, cae simpático. Lo más curioso es que uno de ellos cargaba con varias sanguijuelas minúsculas, una de ellas en todo el ojo. Pobre bicho (el pez). A los 43 minutos le digo a Klaus por señas que casi mejor terminamos, no vaya a ser que se me caiga la cámara de las manos y no me entere. Mañana más.