Diario de a bordo: EL ROV, atrapado en una red perdida

Autor: Xavier Pastor - Coordinador de la Expedición
Fecha: Abril 29, 2012



Xavier Pastor - Coordinador de la ExpediciónAyer noche nuestro ROV se enfrentó al peor enemigo de los robots submarinos: los artes de pesca abandonados. Mientras estábamos llevando a cabo una inmersión nocturna, detectamos en el fondo la presencia de una red de pesca enganchada y perdida. Al intentar sortearla, el ROV fue atrapado en unos cabos que la rodeaban. Se intentó un laborioso proceso de desenganche a través de maniobras con las hélices del aparato, pero resultó inútil. A medida que pasaban los minutos, el robot iba quedando irremediablemente paralizado, como en una tela de araña.

Tras una hora de esfuerzos, la única opción posible se iba abriendo paso:  bucear para liberarlo. Algo fácil de decir, pero que implicaba un alto riesgo para los submarinistas: el ROV estaba atrapado a 30 metros de profundidad, sin ninguna visibilidad, con una temperatura bajísima del agua  y rodeado de redes que podían resultar una trampa muy peligrosa para los buzos. Todo ello, en noche cerrada y  con una corriente de 1.5 nudos (alrededor de 2.5 km/h),  que podía arrastrar a los buceadores antes de que pudiesen ser  detectados y rescatados por sus compañeros en el Hanse Explorer o en las lanchas neumáticas. Las temperaturas no permitían ningún error, por lo que se fue preparando una inmersión dotada de todas las precauciones posibles.

Afortunadamente, antes de que los buceadores saltasen al agua, hicimos un último intento:  El piloto del ROV sacudió de nuevo con toda la potencia de las seis pequeñas hélices del ROV. El robot se agitó como un tiburón atrapado en una red y, finalmente, a través de sus cámaras pudimos comprobar cómo se liberaba y empezaba su ascenso a superficie, donde se recuperó a bordo con muchos bufidos de alivio.

El ROV ha sufrido algunos daños menores en su lucha contra el aparejo de pesca, que estamos reparando. Pero está operativo para todo lo fundamental. De hecho, ya está de nuevo en el agua.

En los barcos de Oceana mantenemos una estricta política de no consumo de alcohol a bordo. Pero ayer noche, tras la angustia compartida, nos permitimos también compartir unas copas de celebración.