La importancia de estar aquí

Por Alex Muñoz, director ejecutivo de Oceana y colíder de la expedición, 26 de febrero de 2013.

 

Mientras el submarino DeepSee es remolcado por la superficie con nosotros dentro, en búsqueda de una profundidad interesante, a través de la esfera de acrílico de 10 cm. de espesor veo pasar a Eric en otro de los botes para ir a recoger las drop cameras, sumergidas a miles de metros. Un tercer bote se llevó al grupo de científicos chilenos y extranjeros al otro lado de San Ambrosio para seguir levantado datos biológicos en la cara más expuesta y difícil de esta isla. Manu y Eduardo, los camarógrafos submarinos, hace rato que están bajo el agua tomando fotos y videos con mucha destreza y paciencia. Cada una de estas acciones se prepara, comienza y termina como una fluida coreografía desde el ARGO, la mejor plataforma de buceo e investigación que nos podíamos imaginar.

Todos los días veo este extraordinario despliegue de conocimientos, talentos y tecnología operando simultáneamente y siempre me pregunto ¿cuánto vale esta expedición para Chile? Dejo pendiente la interrogante y comenzamos el descenso.

Bajamos inmediatamente a 300 metros. Buscamos algún muro de roca ya que en sus cuevas y orificios se concentra gran parte de la vida marina que busca allí alimento y protección frente a los depredadores. Mientras Avi, que nuevamente pilotea el submarino DeepSee, nos cuenta historias como si estuviéramos en el living de su casa, se siente a un costado una presencia que, con la oscuridad reinante a esa profundidad, sólo es una sombra. “Algo se acerca”…, nos dice. Poco a poco la figura comienza a alumbrarse con nuestras luces pero no sabemos lo que es.  Apenas lo escuché decir “¡esto es increíble!” supe que este avistamiento era excepcional. Un tipo de medusa con partes duras, como patas, que podía girar y nadar en todas las direcciones nos hipnotiza. Ninguno de nosotros había visto algo igual. Durante media hora la grabamos nadando gracias a la verdadera danza que Avi pudo realizar con el submarino para mirar a este hermoso animal desde todos los ángulos.

 

Ayer, mientras buceaba, disfruté mirando vidriolas y jureles tan grandes que no parecían reales. Todo parece crecer a tamaños enormes en este lugar tan poco intervenido. Una caverna parecía adornada a propósito con corales naranjos y esponjas amarillas. ¡Qué privilegio poder sentir lo que es estar en un rincón inexplorado e intacto del mar y, más aún, dentro de mi propio país! ¿Quién sabía que esta maravilla existía?

Cuando comenzamos la expedición teníamos muy poca información y realmente ninguna foto submarina que nos sirviera de referencia. Incluso usamos un gran escrito del Capitán Vidal Gormaz de 1875 para saber cómo era San Ambrosio, qué especies se veían a simple vista y cómo subir a la cima del monte que cubre toda la isla. En estos días finales ya contamos con datos detallados de 19 puntos de buceo, cientos de horas de video y miles de fotos que retratan desde las pozas intermareales hasta profundidades de más de 2.300 metros, todo completamente inédito.

En un país como Chile donde es tan difícil hacer ciencia, esta expedición tiene un valor incalculable. A pesar de haber avanzado mucho últimamente, ¡aún conocemos tan poco de nuestro mar! ¿Cuánto sabíamos de las Islas Desventuradas?  Probablemente el saber poco o nada de ellas no afectaba nuestras vidas cotidianas, pero hoy, gracias a esta expedición, sabemos que tenemos un tesoro natural que debemos cuidar.

Esa criatura del océano que salió por un momento de la oscuridad para que pudiéramos contemplarla, nos recuerda lo indispensable que es estar aquí para conocer efectivamente su existencia. Ahora, desde las escuelas de ciencias del mar hasta l@s niñ@s en los colegios podrán saber qué hay en este remoto lugar de Chile, y las autoridades tendrán información suficiente para decidir, espero, cómo protegerlo.