¿Primeros en bucear en San Ambrosio?

¿Primeros en bucear en San Ambrosio?

Por Enric Sala, ecólogo marino, explorador de NationalGeographic y colíder de la expedición, 12 de febrero de 2013.

 

Hoy realizamos las primeras inmersiones científicas de las que se tienen registro en la isla de San Ambrosio. No hay ninguna información de buceos previos en la zona, así de simple. El mar estaba calmo, el agua azul y transparente, y no hallábamos la hora de sumergirnos.

 

Ha pasado casi un año desde que Alex Muñoz –director ejecutivo de Oceana Chile– y yo comenzamos a planificar esta expedición. En este tiempo, no logramos encontrar ni una sola foto submarina de las Islas Desventuradas. Por lo tanto, me sentía como preparándome para saltar en paracaídas de noche, sobre un territorio totalmente desconocido. No tenía la menor idea de lo que encontraríamos, pero eso sólo aumentaba mi entusiasmo. Debido a que estas islas están tan lejos y aparentemente libres de la huella

que dejan los humanos, esperábamos ver muchos peces, y sobre todo peces grandes.

La primera vez que te sumerges en un lugar totalmente nuevo es como si tuvieras que aprender otro idioma en cinco segundos. Saltas al agua, miras alrededor, tratas de identificar la mayor cantidad de especies posibles lo más rápido que puedas, buscas patrones y te creas una imagen mental del ecosistema submarino. Y así lo hicimos en San Ambrosio.

Apenas desaparecieron las burbujas, pudimos ver el fondo a una profundidad de 25 metros. Había

un muro de piedra de oscura roca volcánica que bajaba unos 25 metros, cubierta por miles de erizos de mar. Al mirar más de cerca, observamos que los erizos habían acabado con todos los organismos de la roca, dejándola totalmente pelada, salvo por unos pequeños parches claros con algas coralinas incrustantes y caracoles tubulares. Una sombra apareció de súbito: era un lo lobo marino de Juan Fernández. Curioso, nadó entre nosotros rápido como un rayo, con grandes ojos -como los de los monos animados japoneses- que nos miraban sorprendidos. Probablemente nunca antes había visto a un humano bajo el agua.

Seguimos al lobo con la mirada mientras éste nadaba hacia arriba y vimos una franja café a una profundidad de 10 metros desde la superficie. Eran algas, moviéndose al compás de las olas. Y entre ellas, miles de peces que entraban y salían del follaje. A medida que no

s acercamos al cardumen, los peces nos rodearon. Éramos como planetas alrededor de los cuales giraban incontables satélites. De pronto, los más pequeños del cardumen buscaron refugio porque 10 vidriolas grandes aparecieron presurosas a comprobar quiénes éramos.

Me inundó esa sensación de plenitud que uno solo experimenta ante la naturaleza salvaje. Es una mezcla de euforia y gozo. Es nuestro primer día en San Ambrosio y ya podemos decir que se trata de un mundo submarino agreste y saludable. Estoy ansioso por seguir descubriendo todas las sorpresas que nos quedan por delante.