Más información: Pesca de Arrastre del Fondo

En el fondo del océano los bosques de algas submarinas, los bancos de moluscos, la gran variedad de corales y las esponjas de aguas frías, forman verdaderos refugios para que los peces y demás animales se críen, alimenten y abriguen. Se trata de hábitats que, en algunos casos, han demorado cientos e incuso miles de años en crearse y que, sin embargo, pueden ser destruidos en pocos minutos si sobre ellos pasa una red de arrastre.

La destrucción que la pesca de arrastre de fondo produce en las complejas comunidades que habitan el fondo oceánico, contribuye a la declinación de las pesquerías ya que tales comunidades  proporcionan las condiciones para resguardar y proteger el crecimiento de una gran variedad de especimenes juveniles de peces e invertebrados marinos.

En definitiva, una vez que el hábitat esencial ha sido destruido producto de la pesca de arrastre de fondo,  stocks de peces de valor comercial, así como otras especies que dependen del fondo marino para su desove, cría, protección, alimentación y abrigo, declinan drásticamente y pueden desaparecer, si no se limitan estas prácticas oportunamente.

La pesca de arrastre, tanto de fondo como de media de agua, es la menos selectiva de todas, pues consiste en un arte activo que va agresivamente en busca de aquellos que viven sobre el fondo marino o cerca del mismo. De esta forma, la red de arrastre no sólo extrae los peces que son objetivo de la pesca, sino que también captura una gran diversidad de otros organismos que constituyen el llamado “bycatch” o fauna acompañante, que luego es descartada y arrojada al mar, muerta o gravemente herida. Esta situación ha provocado gran inquietud por las consecuencias ecológicas que puede tener sobre la biodiversidad marina.