La contaminación marina no es un accidente

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Columna de Alex Mu√Īoz Wilson, Director Ejecutivo de Oceana.

Junio 25, 2008

Con cierta frecuencia escuchamos por la prensa que se ha producido un nuevo derrame de aguas servidas o desechos t√≥xicos en alg√ļn lugar de la costa chilena.  Hace unas semanas en la localidad de Ventanas se vertieron 180 toneladas de 2-Etil-1-hexanol provenientes de la empresa Animex. Pocos d√≠as despu√©s Conc√≥n sufri√≥ el tercer derrame de desechos org√°nicos en lo que va del a√Īo, y ayer la misma localidad se vio nuevamente afectada, esta vez por el vertido de restos de hidrocarburos pesados provenientes de la Refiner√≠a de Petr√≥leos Aconcagua, que escurrieron a trav√©s de un ducto de aguas lluvias hasta el r√≠o y luego al mar. 

Estos lamentables hechos nos deben llamar la atenci√≥n al menos por dos razones.  Primero, parece que hemos ca√≠do en un cierto acostumbramiento frente a estos supuestos accidentes.  Las autoridades competentes, t√©cnicas y pol√≠ticas, parecen no comprender que existe una relaci√≥n entre esta seguidilla de eventos y que, m√°s que el azar, lo que ha operado aqu√≠ es la insuficiente regulaci√≥n, falta de fiscalizaci√≥n e irresponsabilidad de algunas empresas en el manejo de los riesgos que generan.  Puede que se curse una que otra multa menor, pero hasta ahora no hemos podido apreciar una conducta activa de las autoridades destinada a construir un sistema de responsabilidad ambiental que permita prevenir razonablemente la ocurrencia de estos hechos.  Segundo,  existe la falsa pero extendida creencia que el mar es capaz de absorber toda la contaminaci√≥n que cae en sus aguas, y que los efectos de estos desechos finalmente se diluyen sin causar impactos duraderos.  Lo cierto es que las consecuencias de estos eventos son graves y permanecen muchas veces por largo tiempo, en ocasiones de modo perpetuo e, incluso, pueden revestir serios riesgos para la salud humana. 

Una descarga de aguas servidas o domiciliarias significa agregar al ecosistema cantidades de materia org√°nica que toman la forma de f√≥sforo, nitr√≥geno y s√≥lidos suspendidos, entre otros contaminantes.  Una contribuci√≥n permanente de estas aguas no solamente provoca malos olores y disminuci√≥n del ox√≠geno disuelto para la vida acu√°tica, sino que adem√°s aumenta las posibilidades de eutroficaci√≥n, es decir, de un aumento desmedido de algas, provocando el consiguiente desequilibrio ecol√≥gico en el √°rea contaminada.
 
La descarga de qu√≠micos como los vertidos en Ventanas, por su parte, agrega al medio ambiente un compuesto que, si bien se degrada y no se acumula en los organismos acu√°ticos, provoca serios da√Īos en la fauna del sector, como lo fue la muerte de peces. Adem√°s, pueden causar s√≠ntomas como nauseas y dolores de cabeza en las personas que los inhalan.

Debemos recordar que en estas zonas est√°n presentes importantes comunidades de pescadores artesanales que con gran esfuerzo realizan sus faenas de pesca o administran √°reas de manejo para explotar de manera sustentable los recursos marinos que comercian, y que alimentan a los consumidores y restaurantes de la zona.  Todos ellos son las v√≠ctimas directas de esta sucesi√≥n de derrames de contaminantes y, generalmente, no reciben reparaci√≥n por los perjuicios sufridos.

Si estos eventos ocurren en forma peri√≥dica y casi id√©ntica, es simplemente porque las instituciones y regulaciones actuales lo permiten: no han sido capaces de prevenirlos, hacer valer las responsabilidades que correspondan ni incentivar a quienes generan los riesgos a tomar medidas m√°s estrictas y efectivas para evitarlos. Es urgente avanzar en la revisi√≥n de normas como el Decreto Supremo 90, que regula el desecho de contaminantes que llegan al mar, para hacerlas m√°s restrictivas. Junto a ello, se debe disponer de mayores controles para fiscalizar a los m√°s de 700 emisarios submarinos disgregados a lo largo de todo pa√≠s, as√≠ como al ejercicio de actividades empresariales que conllevan riesgos de derrames de sustancias t√≥xicas.  Estas medidas son elementales para contar cuanto antes con un sistema efectivo e integral de control y responsabilidad ambiental, y no seguir percibiendo estos hechos como meros accidentes aislados.