Ventanas: un consenso entre Concertación y Alianza

Todas columnas…

Columna de Alex Muñoz Wilson, Director Ejecutivo de Oceana.

Junio 29, 2013

Pronto habrá terminado otro gobierno sin haber resuelto el problema de contaminación del polo industrial de Ventanas. La indiferencia y discriminación hacia los habitantes de Puchuncaví y localidades aledañas ha sido un eje transversal entre Concertación y Alianza. Mientras el país se inflaba en los noventa al autodenominarse el jaguar de Latinoamérica, Ventanas y otras zonas de sacrificio sentían cómo se tiraba la suciedad bajo la alfombra.

Estos últimos años la tónica continuó. Se construyó una termoeléctrica más, Campiche, aprobada espuriamente en el gobierno de Bachelet, entrando en funcionamiento con la anuencia del de Piñera. Se aprobó una débil norma para termoeléctricas cuyos límites para las plantas existentes no entrarán a regir antes de 4 años de promulgada. También se prepara una norma de emisiones para fundiciones cuyos límites para algunos contaminantes son tan altos que Codelco-Ventanas ya los cumple sin esfuerzo. Respecto al mercurio, metal pesado especialmente tóxico para niños y embarazadas, no se impondrá límite alguno para las fundiciones que ya operan.

La situación de Ventanas no es casual y constituye un caso de discriminación contra un grupo de personas que, por no contar con mayores medios económicos ni influencia política, es sometido a niveles desmedidos de contaminación al no poder defenderse de los embates de las empresas como lo harían otros más pudientes.

Realidades como la de Ventanas son también un mal negocio. En la época en que esta idea de competitividad tuvo su apogeo, se premiaba al que produjera barato aunque fuera a costa del perjuicio a la comunidad. Hoy los mercados internacionales premian al productor más limpio y castigan al contaminante. Productos como el cobre tendrán barreras de ingreso a otros países en la forma de impuestos verdes por su alta huella de carbono.

¿Se puede hacer algo frente a esta realidad tan dramática? Claro que sí.

No debemos aprobar más termoeléctricas. Se debe cancelar definitivamente Energía Minera, el proyecto de Codelco que duerme mientras se espera un momento para echarlo andar. No se debe aprobar el proyecto Expansión Andina 244 que puede implicar un aumento exponencial del uso de la fundición de cobre. La norma de emisiones para fundiciones debe significar una mejora sustancial. Se debe implementar un plan profundo y bien financiado para descontaminar la zona. Por último, se deben desmantelar termoeléctricas de forma programada a medida que avanza la penetración de energías renovables. Lejos de ser un costo para Chile, las ERNC son un gran nicho de negocios que le hace bien al país.

Un gobierno con visión moderna, democrática y respetuosa de los derechos, convertiría a Ventanas de una zona de sacrificio a un modelo de descontaminación, reivindicación de un pueblo y reflejo de una economía respetuosa de las personas, lo que premiarían la ciudadanía y los mercados internacionales.